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martes, 7 de agosto de 2018

Historia de la Catedral de Santa María de Sevilla

La historia de la Catedral de Santa María de Sevilla recorre más de seis siglos, desde el inicio de la fábrica almohade en 1172. El templo se convertiría, gracias a las sucesivas adiciones, en la catedral gótica más grande del mundo. De la magnífica mezquita almohade, inaugurada en 1182, se conservan la Giralda, el Patio de los Naranjos y la Puerta del Perdón, que daba acceso al recinto.1​

Fernando III de Castilla conquistó la ciudad el 23 de noviembre de 1248 y con ello comenzó un nuevo capítulo en la historia del templo. La mezquita mayor pasó a ser la catedral de la ciudad y el rey ordenó que se le añadiera una Capilla Real, donde fueron enterrados Alfonso X, Beatriz de Suabia y el mismo rey Fernando.

A finales del siglo XIV, el ruinoso estado de la mezquita sirvió de pretexto para derribarla y construir en su lugar un templo de formas góticas. El 8 de julio de 1401 el Cabildo de la Catedral ordenó la construcción de una nueva iglesia, pues el terremoto de 1356 había dañado considerablemente la estructura del templo. Las obras de reedificación se prolongaron hasta 1506. La catedral gótica de Sevilla fue la más suntuosa de España y una de las más conocidas de Europa.2​ De inspiración francesa, su primer arquitecto pudo haber sido el francés Carles Galtés de Ruan. Impresionan sus siete naves, su gran altura y sus casi cien ventanales. Es una construcción de naves escalonadas, exteriormente apoyadas en multitud de arbotantes y contrafuertes coronados por pináculos.3​

Sin embargo, apenas dos décadas después de finalizada la construcción del templo gótico, se decide añadir una serie de dependencias en estilo renacentista. Se edificaron la Sacristía de los Cálices y las Capillas de los Alabastros. También se remozó la Giralda, cuyas obras finalizaron en 1593.

A partir del siglo XVII se planteó la necesidad de renovar la catedral de acuerdo con los estilos artísticos imperantes. Entre 1618 y 1663 se edificó la Iglesia del Sagrario, en estilo barroco. Ya en los siglos XVIII, XIX y XX, las obras en la catedral tuvieron como objetivo restaurar y finalizar las obras. La primera obra de restauración, entre 1762 y 1797, fue dirigida por Fernando de Rosales. En 1825 comenzó un proceso, que no finalizó hasta 1928, dedicado a reparar todos los daños que el tiempo había causado en la catedral de Sevilla. Las obras las comenzó Rosales y las continuaron Javier de Luque y Demetrio de los Ríos.

lunes, 4 de junio de 2018

CATEDRAL DE SANTIAGO


El antecedente más remoto de la Catedral fue un pequeño mausoleo romano del siglo I en el que se dio sepultura a los restos del Apóstol Santiago después de su decapitación en Palestina (año 44 d.C) y tras su traslado por mar hasta las costas del finis terrae. Durante siglos, la cámara subterránea y la necrópolis que la rodeaba fueron asiduamente visitados por una pequeña comunidad cristiana local, de la que poco o nada se sabe, pero que debió ser diezmada hacia el siglo VIII.

En el año 813 (según versiones, 820 y hasta 830) se produjo el milagroso descubrimiento de las reliquias del Apóstol bajo la maleza del Monte Libredón. Las encontró un ermitaño que vio allí signos celestiales. Avisado por el obispo de Iria Flavia, el rey astur Alfonso II mandó a levantar una primera capilla de piedra y barro junto al antiguo mausoleo. Este templo recibió en el 834 un Preceptum regio que lo convertía en sede episcopal y le otorgaba poder sobre los territorios próximos. A su alrededor, buscando su protección, comenzaron a establecerse los primeros pobladores y grupos monacales de benedictinos encargados de la custodia de las reliquias. Eran los primeros pasos de la futura ciudad de Santiago de Compostela.

La primera iglesia enseguida se quedó pequeña para acoger a los fieles, por lo que entre el año 872 y el 899 Alfonso III El Grande hizo construir un templo mayor. Pero esta segunda iglesia fue destruida por el ataque del caudillo musulmán Almanzor en 997. El obispo San Pedro de Mezonzo la reconstruyó en 1003, en un estilo prerrománico. Este tercer templo estaba aún en pie cuando el auge de las peregrinaciones y las riquezas de Santiago, que ya era uno de los señoríos feudales más grandes de la Península Ibérica, permitieron comenzar a construir en 1075 la catedral románica que hoy se conserva, cuarto edificio sagrado sobre el antiguo sepulcro.

La Catedral románica

El rey leonés Alfonso VI y especialmente el primer arzobispo de la ciudad, Diego Gelmírez, impulsaron de tal manera la Catedral, la vida urbana y las peregrinaciones, que puede hablarse del siglo XII como el de mayor esplendor de la historia compostelana. Esta vez no se conformaron con un santuario que albergase las reliquias, sino que diseñaron una gran catedral de peregrinación siguiendo el estilo que se extendía por el Camino de Santiago. Por ella desfilarían los mejores constructores del Románico hasta llegar al Maestro Mateo, autor de los últimos tramos de las naves, las torres defensivas del oeste, la cripta y, sobre todo, del Pórtico de la Gloria, un conjunto escultórico sin igual en Europa que aun hoy preside la entrada oeste.

Cuando fue consagrada en el año 1211, la Catedral ya gozaba del privilegio de la absolución plenaria, otorgado en 1181 por el Papa Alejandro III a todo el que visitase el templo en un Año Santo Jubilar. También concedía a los fieles un valioso documento que acreditaba haber recorrido el Camino de Santiago y aseguraba el derecho de asilo en la ciudad. Convertida en meta de salvación de la Cristiandad, la catedral evolucionó con tal vitalidad que fue capaz de impulsar la construcción de calzadas, hospitales, albergues, mercados y burgos enteros a cientos de kilómetros de distancia, en las rutas que transitaban los peregrinos para alcanzarla.

Con el tiempo se irían añadiendo a la planta románica elementos góticos, renacentistas y especialmente barrocos, gracias al incesante flujo de dinero del arzobispado y de los mecenas, que encontraban en las capillas lugar de oración y eterno descanso. Mientras la estructura de las naves se conservó prácticamente intacta, el número y espacio de las capillas fue adecuándose a las necesidades del culto. En el convulso siglo XIV la basílica adquiriría trazas de fortaleza, con torres defensivas como la actual Torre del Reloj. Con el Renacimiento, impulsado por el arzobispo Alfonso III de Fonseca, se levantó el claustro definitivo, que sustituyó al claustro románico y modificó todo el lado sur y sureste del templo. Fue época de reformas internas y adición de retablos, púlpitos y esculturas para mayor gloria del culto al Apóstol.

La magia del Barroco

La mayor revolución estética llegaría al templo en tiempos del Barroco, que comenzó en 1660 por transformar el altar mayor y la cúpula; para luego dar forma a los órganos, trazar el lienzo de la Puerta Santa, embellecer la Torre del Reloj y alcanzar su mayor esplendor con la culminación, en 1750, de la estampa más icónica de la catedral: su magnífica fachada del Obradoiro.

Fue también obra de los maestros barrocos de la Catedral –Vega y Verdugo, Domingo de Andrade, Fernando Casas y Novoa- el trazado definitivo de las plazas monumentales que rodean al templo y de muchos de los edificios colindantes. Bien puede decirse que el Barroco saltó de la catedral a las plazas, a los monasterios y a las casas nobles, para convertir a Compostela en la urbe imaginativa, escenográfica y dramática que hoy es reconocida como ‘la ciudad barroca por excelencia de España’.

Tras dos mil años de historia como centro espiritual, y casi mil de su actual edificio, la Catedral se muestra hoy como un conjunto heterogéneo de espacios y elementos estéticos que dejan ‘leer’ en la piedra la extraordinaria historia compostelana. Y es que en su larga existencia el templo ha sido escenario de toda clase de episodios sacros y mundanos, que van desde la coronación de los reyes de Galicia en la Edad Media hasta el acuartelamiento de los soldados franceses durante la Guerra de Independencia, pasando por siglos de concordias y discordias, exaltaciones y linchamientos, conspiraciones políticas y esplendor religioso, ataques incendiarios y costosas campañas de embellecimiento, pompa y beneficencia, donaciones y expolios, cobros de prebendas y patrocinios, solemnes ofrendas y, sobre todo, incesantes peregrinaciones hacia la tumba del Apóstol

viernes, 1 de junio de 2018

COCHE.


CATEDRAL DE BARCELONA


La ciudad de Barcelona debió recibir muy pronto la luz de la fe cristiana. Los martirios de Santa Eulalia y San Cucufate, durante la persecución de Diocleciano-Maximiano, testifican que había cristianos en Barcelona al menos en las postrimerías del siglo III y en los primeros años del siglo IV.

Carecemos, sin embargo, de noticias históricamente ciertas en cuanto a la organización eclesiástica de nuestra diócesis hasta el año 343, en que el obispo de Barcelona de nombre Pretexto, asistió con cinco obispos hispànicos más al concilio de Sárdica en Oriente para ratificar todo aquello que había sido definido en el Concilio Ecuménico de Nicea (325) sobre la divinidad de Jesucristo.

Un conjunto de conjeturas sólidamente fundamentadas permiten suponer que en aquellos tiempos Barcelona ya contaba con un templo episcopal, o catedral, que poco después utilizarían para el ministerio pastoral otros obispos significativos de nuestra diócesis: san Paciano (390), Lampi (400), Nundinari (461), Nebridi (540), Ugne (599), Severo (633), Quirico (656), Idalio (688), Laülf (693), Frodoino (890), etc. El año 599 esta catedral aparece documentalmente dedicada a la santa Cruz (segundo concilio de Barcelona).

Las excavaciones realizadas hace poco en el subsuelo de la calle de los condes de Barcelona (que actualmente bordea el muro de oriente de la Catedral) han puesto al descubierto un edificio de tres naves, separadas por dos series de columnas de mármol blanco, que sin duda se debe identificar con aquella basílica paleocristiana barcelonesa levantada en el siglo IV y ennoblecida, a pesar de las dificultades provocadas por la lucha arriana, por otros obispos durante siete siglos.

En el año 877 esta basílica acogió solemnemente en una de sus capillas las reliquias de santa Eulalia que, escondidas para que los árabes invasores de nuestra península (711) no las profanaran, fueron encontradas milagrosamente en esa fecha en el templo de Santa María de las Arenas o del Mar.

Esta Catedral primitiva, profundamente deteriorada por Almanzor, cuando este caudillo árabe incendió y destruyó la ciudad, se mantuvo en pie hasta 1046, año en que el conde de Barcelona, Ramón Berenguer el Viejo y su mujer Almodis, con el obispo Guislabert, iniciaron la construcción de otra Catedral, la denominada Catedral románica. Esta segunda catedral fue consagrada el 18 de noviembre de 1058 por el arzobispo Wifredo, metropolitano de Narbona.

Encima de los cimientos de la primitiva basílica paleocristiana, y de la Catedral románica posterior, se construyó la actual Catedral de estilo gótico. Las obras se iniciaron el 1 de mayo de 1298, durante el pontificado del obispo Bernardo Pelegrí y el reinado de Jaime II de Aragón, el Justo; y fueron prácticamente finalizadas a mediados del siglo XV, en tiempos del obispo Francisco Clemente Sapera y siendo rey de Aragón Alfonso V.

Podemos distinguir tres etapas durante los ciento cincuenta años que duraron las obras: en la primera se planeó todo el edificio y se llevó a cabo la construcción del ábside con las capillas radiales, el presbiterio con su altar y la cripta, y la del falso crucero; a continuación se prolongaron las tres naves con sus respectivas capillas laterales hasta la altura posterior al coro; finalmente se prosiguió la construcción de la basílica hasta la línea de la fachada que posteriormente fue cerrada con un simple muro (1417). El claustro se terminó en 1448.

A finales del siglo XIX, el industrial barcelonés Manuel Girona Agrafel se ofreció a sufragar la obra de la fachada y de sus dos torres laterales que fue llevada a cabo según los planes del arquitecto Josep O. Mestres inspirados en el proyecto inicial que ya se había dibujado en el siglo XV. Los hijos del señor Girona completaron la empresa del padre con la construcción del cimborrio, que se finalizó el año 1913.

sábado, 26 de mayo de 2018

Catedral de Granada


La Catedral de Granada adquiere todo su sentido histórico a partir del proyecto de ciudad imperial de Carlos I de España. Quiso el Emperador continuar las actuaciones iniciadas en 1492 por sus abuelos maternos, los Reyes Católicos.

EL PROYECTO IMPERIAL
Arquitectónica y urbanísticamente tienen lugar en la Granada renacentista dos decisiones importantes: En la Alhambra, el palacio del Emperador; en el centro de la ciudad, el conjunto de Capilla Real, Lonja y Catedral. Por diversos motivos, Granada perdió la posibilidad de ver concluido el proyecto imperial de ciudad áulica y lugar de enterramiento del Emperador y de sus sucesores dinásticos.

FUNDACIÓN DEL TEMPLO CATEDRALICIO
Comienza la historia del templo catedralicio el 21 de mayo de 1492. En esta fecha es creado el cabildo y fundada la Catedral, dedicada a Nuestra Señora de la Encarnación; provisionalmente su primera sede se instala en la Mezquita Real de la Alhambra. El 23 de enero de 1493, fray Hernando de Talavera (1430/1-1507) es nombrado primer arzobispo de Granada. En octubre de 1494 se produce el primer traslado de la Catedral; el cabildo y la sede bajan desde la Alhambra al templo de santa María en el Realejo y, luego, a san Francisco Casa Grande. Alejandro VI, en 1502, autoriza un nuevo y definitivo traslado

EN EL CENTRO DE LA CIUDAD…
A pesar de los expresos deseos de la Reina Isabel, la antigua mezquita no reunía las condiciones para albergar con decoro la nueva sede catedralicia abriéndose paso la idea de edificar un gran templo de nueva planta en el centro de la ciudad comenzando por la Capilla Real.

..UN FOCO ESPIRITUAL Y CULTURAL
Desde el Renacimiento hasta el Barroco —tiempos de la edificación de la catedral granadina— nacen o brillan en Granada ilustres personajes; en la siguiente galería de ilustraciones algunos de ellos. Granada era, en verdad, centro espiritual y cultural donde floreció un patrimonio cristiano—artístico, teológico, literario— que llega hasta nuestros días.

CATEDRAL DE SEVILLA


La Catedral de Sevilla, es la catedral gótica más grande del mundo, la catedral católica más grande del mundo (la Basílica de San Pedro no es realmente una catedral) y el tercer templo en cuanto a tamaño tras la Basílica de San Pedro del Vaticano en Roma, y San Pablo en Londres. En 1987 ha sido declarado por la UNESCO, Patrimonio de la Humanidad.

El Cabildo Metropolitano ha sido el custodio, durante siete siglos de su rica historia y lo quiere seguir siendo con una atención y organización, cada día, más moderna y esmerada. Para ello, mantiene la Liturgia diaria y la celebración de las grandes festividades del Corpus y de la Inmaculada, atiende permanentemente la devoción a la Virgen de los Reyes, y realiza amplia pastoral sacramental, como primera iglesia de la Diócesis de Sevilla. En 2008 se encontró el plano más antiguo de la catedral en el Monasterio de Bidaurreta de Oñate (Guipúzcoa).

   La Catedral es un edificio insólito que posee cinco naves, que se distribuyen con perfecta orientación musulmana, mirando hacia Levante. El aspecto más controvertido de ella es que no cuenta con una cabecera en el sentido gótico habitual en forma de ábside sin girola, ya que su planta salón es un perfecto rectángulo que se corresponde milimétricamente con la de la alhama, de la que heredó, también, la insólita disposición de las puertas. En relación a los muros, hay que decir que cuentan con poco espesor. Sin embargo, las capillas están separadas por estribos perpendiculares al eje central del templo, terminando en 28 pilares adosados que, con otros 32 exentos, soportan a 68 bóvedas ojivales. La luz natural es escasa, ya que las ventanas son pequeñas y soportan bellos vitrales.

Giralda
La Giralda, a pesar de su autonomía, ejerce la función de torre y de campanario de la Catedral de Sevilla. Patrimonio de la Humanidad desde 1987, no sólo destaca por su ubicación e historia, también debemos subrayar su factura arquitectónica, su función a lo largo de los siglos y su significado dentro del casco antiguo de la ciudad. Su base cuadrada se sitúa a 7,12 metros sobre el nivel del mar, teniendo 13,61 metros de lado y una altura de 104,06 metros. Fue construida en su base a imagen y semejanza del alminar de la mezquita Kutubia de Marrakech (Marruecos), aunque el remate superior y campanario es de progenie europeo renacentista.

    La nave central. La impresionante nave central aloja a dos carismáticas edificaciones: el coro, flanqueado por grandes órganos, y la Capilla Mayor, de cuatro plantas, que aloja el retablo mayor. Entre ellos se sitúan tres zonas anexas: la nave de San Fernando Rey, el crucero (cuyas bóvedas son las más altas de todo el conjunto) y el Trascoro. Cada una de estas tres zonas se corresponden con las tres jerarquías de la ciudad medieval: la catedral regia o panteón de los reyes, la catedral eclesiástica o parte reservada al Arzobispo y al Cabildo, y la catedral popular, situada hacia Poniente.

Catedral de Sevilla
 La Capilla Real hace las funciones de cabecera de la catedral. Se trata de una construcción singular, ya que es una especie de ábside renacentista situado donde cabría esperar una gran girola ojival, típica del gótico. En dicha capilla está ubicado el panteón del Rey San Fernando y de su hijo, Alfonso, junto con los sepulcros de algunos otros miembros de la familia real de la época. Asimismo, encontramos en ella a la imagen gótica de Santa María de los Reyes, patrona de la archidiócesis de Sevilla.

    El Tesoro y la pinacoteca. Cabe destacar también los tesoros del templo y una gran cantidad de pinturas de Murillo, como los retratos de San Isidoro o San Leandro; cuadros como Santa Teresa, de Zurbarán, y la cabeza esculpida de San Juan Bautista. La tumba de Cristóbal Colón, mausoleo que fue obra de Arturo Mélida se encuentra en el brazo derecho del crucero de la Catedral, aquí reposan los restos del famoso descubridor de América.